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Fragmento del artículo: Adolescencia e Hipermodernidad.


La desaparición de la infancia
Esta situación produce una desorientación general y de los padres en particular. Los padres ya no saben cómo educar y recurren a los técnicos o a las Escuelas de Padres que, aunque cumplan una función, no dejan de resultar sorprendentes en su propia formulación:
“Los padres a la escuela”.
Mientras tanto, surge la pregunta por la posibilidad de la “desaparición de la infancia” como época evolutiva. Ya no se sostienen más las ideas, por muy inexactas que fueran, sobre la pretendida “inocencia infantil”. Los niños y los jóvenes actuales tienen un acceso ilimitado, casi en igualdad de condiciones que el adulto, a prácticamente todos los circuitos de ocio e información, como los que representan la televisión o Internet.
Dejando la nostalgia a un lado, ya que no hay más tiempo que el que nos ha tocado vivir, tenemos que admitir, tal como ha desarrollado la pedagoga social Violeta Núñez, que estamos ante una nueva categoría de infancia: la infancia hipermoderna. Los hijos, como bien escaso, son más valorados y considerados en la familia y la relación padres–hijos se organiza en función de lo que se define como “las necesidades de los niños”. Sin embargo, los padres de hoy tienen problemas para sostener la función de autoridad. Las referencias familiares y el lugar de la autoridad son, cada vez, más lábiles. Una de las consecuencias del resquebrajamiento de la autoridad es la infantilización del adulto, el borramiento de las diferencias entre el niño y el adulto. Pensemos en el modo de vestir, en las comidas, en los horarios, en los espectáculos, y percibiremos la confluencia del adulto con el niño. Por eso, la adolescencia es el estado común, para muchos sujetos de cualquier edad, en nuestra civilización.
La infantilización del adulto trae aparejada la adultización del niño. En este contexto nos encontramos, paradójicamente, con la eclosión de la violencia infantil y juvenil. Porque, si renunciamos al ejercicio de la autoridad, dimitimos de nuestra responsabilidad educativa. Un adulto sólo funciona como tal para un niño si recibe sus demandas desde un lugar de autoridad.

Manuel Fernández Blanco

La era. Espacio abierto. 
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